La República: Sábado, 02 de noviembre de 2013.
Crítica y defensora
Raúl Tola.
El último julio el Congreso de la República ofreció uno de los espectáculos más lamentables que se recuerda, cuando a espaldas del país prostituyó dos instituciones clave de nuestra democracia, como son la Defensoría del Pueblo y el Tribunal Constitucional. El argot popular bautizó como "repartija" al intercambio de favores bajo la mesa que entablaron el fujimorismo, Perú Posible y Gana Perú para distribuirse una serie de cargos vitales y satisfacer sus cuotas de poder, dándole la espalda a la decencia y proyectando una imagen cínica, interesada y lumpen. Tantas fueron las críticas de la opinión pública que debió recular menos de una semana después, dejando sin efecto los polémicos nombramientos y aplazando la elección, que hasta hoy sigue pendiente.
El nombramiento de la congresista fujimorista Martha Chávez como coordinadora del Grupo de Trabajo de Evaluación de Derechos Humanos podría muy bien ser un segundo capítulo de aquel episodio tragicómico. No tanto por la elección en sí –que fue transparente, aunque sorprendentemente contó con el voto de Heriberto Benítez, antiguo luchador por los DDHH, y hoy valedor de una de sus más encarnizadas rivales del pasado–, sino porque nadie en nuestro país puede ser menos idóneo que Chávez para defender la causa de los Derechos Humanos.
¿Cómo puede dedicarse al "seguimiento y evaluación de las conclusiones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación" quien fue su opositora más alevosa, capaz de decir: "Yo no creo nada de la CVR. Se debe hacer una comisión de la verdad para la CVR. El propósito de la CVR fue ir en contra de Alberto Fujimori, y se llevaron de encuentro a las Fuerzas Armadas", su informe "Debe tirarse a la basura", o "la CVR fue hecha a la medida de los intereses de Sendero Luminoso"? ¿Con qué autoridad se ocupará del "seguimiento y aprobación de la respuesta que el Estado peruano proyecte ante las denuncias y demandas que se presenten ante los organismos internacionales" una de las defensoras más conspicuas del retiro del Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos ("No se va a caer el mundo si Perú se desliga de la CIDH"), que en cuanto fue nombrada en su nuevo cargo arremetió contra las ONG de DDHH, sesgándolas políticamente ("Quienes me han dado con palo son algunos oenegistas marxistas")? ¿Cuánto éxito tendrá en "la implementación de la protección de los derechos humanos de los peruanos en el exterior" quien en 1993 afirmó: "No sería raro que (los desaparecidos de la universidad La Cantuta) estén engrosando ahora las filas de Sendero Luminoso. No se han comprobado estos hechos", o intentó menospreciar los sufrimientos de la ex agente Leonor Barreto insinuando que existía la posibilidad de que se hubiese "autotorturado", o dijo sobre la reducción de penas al grupo Colina: "Es un acto de justicia"?
Estas frases de Martha Chávez han sido largamente debatidas. Pero no se trata ahora de estar de acuerdo o en desacuerdo con ella, sino en que la contradicción entre sus opiniones y su nuevo cargo es monumental. El comportamiento de Chávez la incapacita para participar en un grupo de trabajo vinculado con los Derechos Humanos, por más que sus alcances puedan ser bastante reducidos. Cuando aceptó el nombramiento, dijo que lo hacía "con sencillez, humildad y mucho gusto". Seguro que también lo hizo con una sonrisa de burla, añadiría yo.









